16 DE ABRIL


LA COSTURERA DE KHAIR KHANA
Gale Tzemach Lemmon
2012

Hoy dejamos el mundo de los cuentos y las historias y nos trasladamos a la realidad. Esa que cambia y transforma vidas como la de Kamila Sidiqi que pasó de ser una maestra afgana a no ser nada. Cuando los talibanes toman el poder en Kabul es despojada de su título de maestra, destituida de la escuela donde enseña y relegada a su hogar. Por desgracia su padre y su hermano deben huir de la ciudad y Kamila se enfrenta sola a la supervivencia de la familia, pues tiene que hacerse cargo de sus hermanos menores. Armada sólo de valor y de una férrea determinación, utilizará la aguja y el hilo para crear una floreciente empresa sin la ayuda de nadie.
Su autora es Gayle Tzemach Lemmon una periodista americana y colaboradora en el programa “Women and Foreign Policy” en el Instituto de Relaciones Internacionales y escribe habitualmente sobre mujeres empresarias en zonas en conflicto. 
Realmente resulta increíble que de pronto un grupo de fanáticos pueda convertir tu vida en una pesadilla y que tu casa se convierta en tu cárcel. Gayle nos cuenta como de pronto Kamila, sus hermanas y el resto de mujeres de Afganistán, tienen que dejar de lado sus sueños y proyectos, sus estudios, sus ropas, sus rutinas, en definitiva su vida, cuando el régimen entra en Kabul. No pueden ir al colegio, oír música, ni ver películas, ni llevar colores, ni tacones y casi no pueden salir de casa y si lo hacen deben llevar el burka e ir acompañadas de un hombre. La supervivencia es difícil, pero Kamila se traga sus miedos y decide que tiene que sacar adelante a su familia y comienza su aprendizaje como costurera y como empresaria, pero no se conforma solo con eso, si no que no descansa hasta poder ayudar a sus vecinas, amigas y otras muchas jóvenes que se han quedado sin futuro.
Ser mujer bajo el dominio taliban implicaba no poder trabajar fuera de casa. Para salir debían ser acompañadas por un pariente masculino. Después de los ocho años no podían recibir ningún tipo de educación.vNo podían ser atendidas por médicos de sexo masculino si no eran acompañadas por un hombre, lo que llevó a que muchas enfermedades no fuesen tratadas. 
A pesar de todo esto su espíritu emprendedor la llevó a desafiar ese destino que se le imponia. En lugar de sentirse víctima y ponerse a pensar en que no había remedio para lo que estaba ocurriendo, estaba decidida a mejorar las condiciones de su familia y su comunidad. Armada sólo con agallas y determinación, cogió una aguja e hilo y empezó a confeccionar ropa. 
Ya con la ropa hecha, ahora tenía que llevarla a las tiendas para que se la compraran, pero no podía salir sola, debía hacerlo con un acompañante masculino, así que su hermano la acompañaba para visitar tiendas de ropa y poder ofrecer sus productos. La primera visita fue todo un caso, pues iban por una calle principal y se encontraron un retén de talibanes que no los iban a dejar pasar, así que ella y su hermano rodearon por calles secundarias, hasta que llegaron a la tienda que tenían planeada, el tendero quedó tan complacido con el trabajo, que le pidió más, y además le pidió que le hiciera trajes sastre, Kamila no tenía idea de cómo se hacían, pero enseguida dijo: “Sí, sí, estaremos encantados de hacerlos para usted”, él fue la primera señal de esperanza que había tenido en meses. 
Sus hermanas menores se unieron al taller para ayudarle a cumplir con los pedidos y cuando el negocio comenzó a crecer, se unieron también niñas y mujeres del barrio que necesitaban desesperadamente trabajar. Paralelamente desarrollaba cursos de capacitación, control de calidad y un calendario de actividades estricto con el propósito de que no llamara la atención de los talibanes el gran movimiento de gente que había en su hogar. El taller había crecido de tal manera que empleaba a más de 100 mujeres del barrio, ahora ella era la esperanza para todas estas 
mujeres. 
Su negocio creció tanto que le pidieron - sin saberlo - hacer vestidos para una boda talibanes. Una mujer entró corriendo en la casa de Kamila y dijo que necesitaba dos vestidos en 24 horas. Al darse cuenta de cuántas mujeres estaban cociendo en la casa de Kamila, la mujer pidió mejor seis vestidos. 
Corrieron y corrieron, tratando de que la novia, la madre y las hermanas quedaran bien ataviadas para esta boda, y luego, al final, una joven que trabajaba con ellas llevó los vestidos hasta el coche y se dio cuenta de que era la procesión de la boda, y no sólo se trataba de una procesión de una boda, esta procesión estaba liderada por los talibanes para una boda de un talibán 

Desde el exterior, los años bajo el régimen talibán parecían abrumadoramente opresivos para las mujeres. Pero las negociaciones dentro de sus comunidades permitían que la vida siguiera su curso durante todo ese tiempo. Muchas mujeres pudieron manejar las reglas durante la guerra civil para obtener el permiso para mantener un pequeño negocio en marcha, o para que los hombres de la familia vendieran las mercancías que hacían. 
Y algunos miembros de los talibanes eran sólo miembros de la comunidad que necesitaban ganarse la vida. Porque ellos también necesitaban dinero, a sus hijas a veces las ponían a trabajar con Kamila como modistas. 
El aislamiento del país - causado por el cierre de los talibanes con bloqueos comerciales y de carreteras - creó una oportunidad única en el mercado. Las mujeres hacían lo que hacen las mujeres en la guerra... encuentran una manera de sacar adelante a su familia.
Hoy, Kamila dirige una consultoría de negocios llamada “Kaweyan”, que enseña habilidades de emprendimiento a las mujeres afganas de todo el país para ayudarlas a iniciar sus propias empresas. Es su tercer negocio, y ella dice que se da cuenta de que lo bien que le ha ido ha sido gracias a las dificultades que enfrentó y a las oportunidades que descubrió por ella misma durante los años del Talibán. 
La mayoría de las mujeres que trabajaban con Kamila durante el régimen de los talibanes siguen trabajando hoy por su cuenta. Otras han obtenido títulos universitarios con éxito. 






«Contra todo pronóstico estas mujeres crearon esperanza y comunidad y nunca abandonaron. Te garantizo que este libro no te dejará indiferente y te mostrará una parte de Afganistán que muy pocos ven». 

Angelina Jolie

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