LA COMPOSICIÓN
Antonio Skarmeta
Ilustrador por Alfonso Ruano
"—Papá -preguntó entonces-, ¿yo también estoy contra la dictadura?
El padre miró a su mujer como si la respuesta a esa pregunta estuviera escrita en los ojos de ella. La mamá se rascó la mejilla con una cara divertida, y dijo:
—No se puede decir.
—¿Por qué no?
—Los niños no están en contra de nada. Los niños son simplemente niños. Los niños de tu edad tienen que ir a la escuela, estudiar mucho, jugar y ser cariñosos con sus padres.
Cada vez que a Pedro le decían estas frases largas, se quedaba en silencio. Pero esta vez, con los ojos fijos en la radio, respondió:
—Bueno, pero si el papá de Daniel está preso, Daniel no va a poder ir más a la escuela.
—Acuéstate, chico -dijo el papá."
El padre miró a su mujer como si la respuesta a esa pregunta estuviera escrita en los ojos de ella. La mamá se rascó la mejilla con una cara divertida, y dijo:
—No se puede decir.
—¿Por qué no?
—Los niños no están en contra de nada. Los niños son simplemente niños. Los niños de tu edad tienen que ir a la escuela, estudiar mucho, jugar y ser cariñosos con sus padres.
Cada vez que a Pedro le decían estas frases largas, se quedaba en silencio. Pero esta vez, con los ojos fijos en la radio, respondió:
—Bueno, pero si el papá de Daniel está preso, Daniel no va a poder ir más a la escuela.
—Acuéstate, chico -dijo el papá."
TRAMA
Pedro es un niño cuyos padres siempre escuchan la radio por las noches. Por si fuera poco, la radio se oye muy mal. A Pedro lo que le gusta es jugar al fútbol. Un día, mientras juega al fútbol, unos militares se llevan preso al padre de Daniel, un chico de su clase. Pedro le pregunta por qué y el niño le contesta que por estar en contra de la dictadura. Cuando vuelve a casa, empieza a hacer preguntas a su padre sobre la dictadura y sobre su postura.
A los pocos días, va un militar al colegio y les dice que tienen que hacer una redacción titulada "¿Qué hacen mis padres por la noche?". El niño, por si acaso, dice que sus padres juegan al ajedrez hasta que es la hora de dormir. Cuando llega a casa, lo cuenta. Al principio, sus padres se asustan por si el niño ha dicho que escuchan la radio. Pero cuando leen la redacción, le miran y sonríen. Deciden comprar un ajedrez por si acaso.
ANALISIS
Skarmeta nos lleva por dos registros distintos, el mundo infantil que descubre situaciones nuevas y el adulto, con todos sus miedos.
El inicio nos ubica en la intimidad de su casa. Es el día de su cumpleaños de nueve, pero en la ilustración no hay rastros de festejo: los padres al fondo de la imagen se ven tristes, y también Pedro. En las primeras líneas nos proporciona información para ubicarnos: hace un mes rondan militares y, desde que llegaron, sus padres escuchan la radio; Pedro está triste porque no le regalaron la pelota de cuero que deseaba. Es un inicio de frustración y tristeza, que atrapa: los niños comprenden a Pedro, los adultos sabemos que otras cosas suceden. ¿Por qué siempre oyen esa radio llena de ruidos? pregunta Pedro, pues para él son sonidos incomprensibles.
La radio y la pelota son potentes elementos simbólicos: la primera representante del universo adulto, abastecedora de información, condensa la preocupación y la incertidumbre; la pelota, se vincula al mundo infantil y los deseos de Pedro. La tensión del texto replica la tensión del miedo que se viene con la dictadura. El narrador formula preguntas y retrasa sus respuestas.
La radio y la pelota son potentes elementos simbólicos: la primera representante del universo adulto, abastecedora de información, condensa la preocupación y la incertidumbre; la pelota, se vincula al mundo infantil y los deseos de Pedro. La tensión del texto replica la tensión del miedo que se viene con la dictadura. El narrador formula preguntas y retrasa sus respuestas.
La prosa está cargada de imágenes con espesor: Jugaba en una calle de grandes árboles y jugar bajo su sombra era tan delicioso como nadar en el río en verano. Evoca la frescura del río, la liviandad y gracia de los movimientos bajo el agua. Más adelante agrega: Pedro sentía que las hojas susurrantes eran un estadio que lo ovacionaba. Recrea la emoción que el juego tiene para Pedro, nos introduce en un clímax que crece hacia el gol. Un gol que nadie festeja. Skármeta nos hace caer de esa emoción brutalmente, junto a Pedro, al descubrir la presencia de los militares llevándose al papá de Daniel. La realidad de su amigo es otra: se llevan a su padre preso y recibe las llaves del almacén que lo obligan a entrar en el mundo adulto prematuramente. Nos alivia que no sea nuestro protagonista quien viva este desagarro, pero sucede cerca.
A Pedro le toca un lugar más cuidado. Las otras voces -su padre, su madre, el papá de Daniel, los militares, su amigo Juan- hacen de contrapunto en este gran meollo que busca comprender. El clímax llega cuando el militar les pide que escriban una composición sobre lo que hacen en sus casas con la promesa de premios y caramelos. A Pedro le cuesta escribir, saca punta, pincha la goma y conversa con Juan: Los dos se metieron los lápices en la boca y miraron el bombillo apagado y las sombras en las paredes y sintieron la cabeza hueca como una alcancía. La presencia del militar los atemoriza y anula, y los deja vacíos ante la hoja. Las sombras se riegan por la sala.
A Pedro le toca un lugar más cuidado. Las otras voces -su padre, su madre, el papá de Daniel, los militares, su amigo Juan- hacen de contrapunto en este gran meollo que busca comprender. El clímax llega cuando el militar les pide que escriban una composición sobre lo que hacen en sus casas con la promesa de premios y caramelos. A Pedro le cuesta escribir, saca punta, pincha la goma y conversa con Juan: Los dos se metieron los lápices en la boca y miraron el bombillo apagado y las sombras en las paredes y sintieron la cabeza hueca como una alcancía. La presencia del militar los atemoriza y anula, y los deja vacíos ante la hoja. Las sombras se riegan por la sala.








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